IGLESIA CRISTIANA CARISMÁTICA CUADRANGULAR DE CAÑAVERAL

Jeremías 37: 1 – 14

1Sedequías, hijo de Josías, subió al trono de Judá después de Joaquín, hijo de Joacim. Fue nombrado rey por el rey Nabucodonosor de Babilonia. 2Sin embargo, ni Sedequías ni sus ayudantes ni la gente que quedó en la tierra de Judá hicieron caso a lo que el Señor decía a través de Jeremías.
3No obstante, el rey Sedequías envió a Jehucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías, a pedirle a Jeremías: «Por favor, ora por nosotros al Señor, nuestro Dios». 4Todavía no habían encarcelado a Jeremías, por lo tanto, se movía con total libertad entre la gente.
5En ese tiempo, el ejército del faraón Hofra de Egipto apareció en la frontera sur de Judá. Cuando el ejército babilónico se enteró de esto, levantó el sitio de Jerusalén.
6Entonces el Señor le dio el siguiente mensaje a Jeremías: 7«Esto dice el Señor, Dios de Israel: el rey de Judá te envió a consultarme acerca de lo que va a suceder. Dile a él: “El ejército del faraón está a punto de regresar a Egipto aunque vino aquí para ayudarte. 8Luego los babilonios regresarán y conquistarán esta ciudad y la quemarán hasta reducirla a cenizas”.
9»Esto dice el Señor: “No se engañen a sí mismos creyendo que los babilonios se marcharon para siempre. ¡No es así! 10Y aunque pudieran destruir a todo el ejército babilónico y dejaran a solo un puñado de sobrevivientes heridos, ¡aun así estos saldrían tambaleando de sus carpas e incendiarían esta ciudad hasta reducirla a cenizas!”».

11Cuando el ejército babilónico se fue de Jerusalén debido a que se acercaba el ejército del faraón, 12Jeremías comenzó a salir de la ciudad camino al territorio de Benjamín para tomar posesión de su terreno allí, entre sus parientes. 13Sin embargo, cuando atravesaba la puerta de Benjamín un guardia lo arrestó y le dijo:
—¡Estás desertando para unirte a los babilonios!
El guardia que lo arrestó era Irías, hijo de Selemías y nieto de Hananías.
14—¡Mentira! —protestó Jeremías—. No tenía la menor intención de hacer tal cosa.
Pero Irías no quiso escucharlo, así que llevó a Jeremías ante los funcionarios.

Jeremías 36: 1 – 32

1El Señor le dio a Jeremías el siguiente mensaje en el cuarto año del reinado de Joacim, hijo de Josías, en Judá: 2«Toma un rollo y anota todos mis mensajes contra Israel, Judá y las demás naciones. Comienza con el primer mensaje allá por los tiempos de Josías y escribe todos los mensajes, hasta llegar al tiempo presente. 3Quizá los habitantes de Judá se arrepientan cuando vuelvan a escuchar todas las cosas terribles que tengo pensadas para ellos. Entonces perdonaré sus pecados y maldades».
4Así que Jeremías mandó llamar a Baruc, hijo de Nerías, y mientras Jeremías le dictaba todas las profecías que el Señor le había dado, Baruc las escribía en un rollo. 5Entonces Jeremías le dijo a Baruc: «Estoy preso aquí y no puedo ir al templo. 6Así que en el próximo día de ayuno ve al templo y lee los mensajes de parte del Señor que te he hecho escribir en este rollo. Léelos para que la gente de todo Judá que esté presente los escuche. 7Quizá se aparten de sus malos caminos y antes de que sea demasiado tarde le pidan al Señor que los perdone. Pues el Señor los ha amenazado con su terrible enojo».
8Baruc hizo lo que Jeremías le dijo y leyó al pueblo los mensajes del Señor en el templo. 9Lo hizo en un día de ayuno sagrado, celebrado a finales del otoño, durante el quinto año del reinado de Joacim, hijo de Josías. Gente de toda Judá había venido a Jerusalén ese día para asistir a los servicios en el templo. 10Baruc leyó al pueblo las palabras de Jeremías, escritas en el rollo. En el templo, se paró frente a la habitación de Gemarías, hijo de Safán, el secretario. Esa habitación estaba junto al atrio superior del templo, cerca de la entrada de la puerta Nueva.
11Cuando Micaías, hijo de Gemarías y nieto de Safán, oyó los mensajes de parte del Señor, 12bajó a la sala del secretario en el palacio, donde estaban reunidos los funcionarios administrativos. Allí estaba el secretario Elisama junto con Delaía, hijo de Semaías; Elnatán, hijo de Acbor; Gemarías, hijo de Safán; Sedequías, hijo de Ananías y todos los demás funcionarios. 13Cuando Micaías les contó acerca de los mensajes que Baruc leía al pueblo, 14los funcionarios enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, nieto de Selemías y bisnieto de Cusi, para pedirle a Baruc que también viniera a leerles los mensajes. Entonces Baruc tomó el rollo y se dirigió a ellos. 15Los funcionarios le dijeron: «Siéntate y léenos el rollo». Entonces Baruc hizo lo que le pidieron.
16Cuando oyeron todos los mensajes, se miraron unos a otros asustados.
—Tenemos que contarle al rey lo que hemos oído —le dijeron a Baruc—, 17pero primero dinos cómo obtuviste estos mensajes. ¿Provinieron directamente de Jeremías?
18Así que Baruc explicó:
—Jeremías me los dictó y yo los escribí con tinta, palabra por palabra, en este rollo.
19—Tanto tú como Jeremías deberían esconderse —le dijeron los funcionarios a Baruc—. ¡No le digan a nadie dónde están!
20Entonces, los funcionarios dejaron el rollo a salvo en la habitación de Elisama, el secretario, y le fueron a decir al rey lo que había acontecido.
El rey Joacim quema el rollo
21Luego el rey envió a Jehudí a buscar el rollo y Jehudí lo sacó de la habitación de Elisama y lo leyó al rey, con los funcionarios presentes. 22Era avanzado el otoño, así que el rey estaba en el cuarto del palacio acondicionado para el invierno, sentado junto a un brasero para calentarse. 23Cada vez que Jehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey tomaba un cuchillo y cortaba esa sección del rollo. Luego lo lanzaba al fuego, sección por sección, hasta que quemó todo el rollo. 24Ni el rey ni sus asistentes mostraron ninguna señal de temor o arrepentimiento ante lo que habían oído. 25Aun cuando Elnatán, Delaía y Gemarías le suplicaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo caso.
26Entonces el rey mandó a su hijo Jerameel, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, para que arrestaran a Baruc y a Jeremías; pero el Señor los había escondido.

27Después de que el rey quemó el rollo en el que Baruc había escrito las palabras de Jeremías, el Señor le dio a Jeremías otro mensaje. Le dijo: 28«Toma otro rollo y escribe de nuevo todo tal como lo hiciste en el rollo que quemó el rey Joacim. 29Luego dile al rey: “Esto dice el Señor: ‘Tú quemaste el rollo porque allí dice que el rey de Babilonia destruiría esta tierra y la dejaría vacía de gente y de animales. 30Ahora, esto dice el Señor acerca del rey Joacim de Judá: el rey no tendrá herederos que se sienten en el trono de David. Su cadáver será echado a la intemperie y permanecerá sin enterrar, expuesto al calor del día y a las heladas de la noche. 31Lo castigaré a él, a su familia y a sus ayudantes por sus pecados. Derramaré sobre ellos y sobre la gente de Jerusalén y de Judá todas las calamidades que prometí, porque no hicieron caso a mis advertencias’”».
32Así que Jeremías tomó otro rollo y volvió a dictarle a su secretario Baruc. Escribió todo lo que estaba en el rollo que el rey Joacim había quemado en el brasero. ¡Solo que esta vez agregó mucho más!

Jeremías 1 : 1 – 9

1Estas son las palabras de Jeremías, hijo de Hilcías, uno de los sacerdotes de Anatot, ciudad de la tierra de Benjamín. 2El Señor le dio mensajes a Jeremías por primera vez durante el año trece del reinado de Josías, hijo de Amón, rey de Judá. 3Los mensajes del Señor continuaron durante el reinado de Joacim, hijo de Josías, hasta el año once del reinado de Sedequías, otro de los hijos de Josías. En agosto de ese año once, la gente de Jerusalén fue llevada cautiva.

4El Señor me dio el siguiente mensaje:
5—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;
antes de que nacieras, te aparté
y te nombré mi profeta a las naciones.
6—Oh Señor Soberano —respondí—. ¡No puedo hablar por ti! ¡Soy demasiado joven!
7—No digas: “Soy demasiado joven” —me contestó el Señor—, porque debes ir dondequiera que te mande y decir todo lo que te diga. 8No le tengas miedo a la gente, porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el Señor, he hablado!
9Luego el Señor extendió su mano, tocó mi boca y dijo:
«¡Mira, he puesto mis palabras en tu boca!

Isaías 53: 1 – 12

1¿Quién ha creído nuestro mensaje?
¿A quién ha revelado el Señor su brazo poderoso?
2Mi siervo creció en la presencia del Señor como un tierno brote verde;
como raíz en tierra seca.
No había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto,
nada que nos atrajera hacia él.
3Fue despreciado y rechazado:
hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo.
Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada;
fue despreciado, y no nos importó.
4Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó;
fueron nuestros dolores los que lo agobiaron.
Y pensamos que sus dificultades eran un castigo de Dios;
¡un castigo por sus propios pecados!
5Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones
y aplastado por nuestros pecados.
Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz;
fue azotado para que pudiéramos ser sanados.
6Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas;
hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros.
Sin embargo, el Señor puso sobre él
los pecados de todos nosotros.
7Fue oprimido y tratado con crueldad,
sin embargo, no dijo ni una sola palabra.
Como cordero fue llevado al matadero.
Y como oveja en silencio ante sus trasquiladores,
no abrió su boca.
8Al ser condenado injustamente,
se lo llevaron.
A nadie le importó que muriera sin descendientes;
ni que le quitaran la vida a mitad de camino.
Pero lo hirieron de muerte
por la rebelión de mi pueblo.
9Él no había hecho nada malo,
y jamás había engañado a nadie.
Pero fue enterrado como un criminal;
fue puesto en la tumba de un hombre rico.
10Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo
y causarle dolor.
Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado,
tendrá muchos descendientes.
Disfrutará de una larga vida,
y en sus manos el buen plan del Señor prosperará.
11Cuando vea todo lo que se logró mediante su angustia,
quedará satisfecho.
Y a causa de lo que sufrió,
mi siervo justo hará posible
que muchos sean contados entre los justos,
porque él cargará con todos los pecados de ellos.
12Yo le rendiré los honores de un soldado victorioso,
porque se expuso a la muerte.
Fue contado entre los rebeldes.
Cargó con los pecados de muchos e intercedió por los transgresores.

Isaías 6: 1 -13

1El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso trono, y el borde de su manto llenaba el templo. 2Lo asistían poderosos serafines, cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban. 3Se decían unos a otros:
«¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos Celestiales!
¡Toda la tierra está llena de su gloria!».
4Sus voces sacudían el templo hasta los cimientos, y todo el edificio estaba lleno de humo.
5Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales».
6Entonces uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. 7Con él tocó mis labios y dijo: «¿Ves? Este carbón te ha tocado los labios. Ahora tu culpa ha sido quitada, y tus pecados perdonados».
8Después oí que el Señor preguntaba: «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?».
—Aquí estoy yo —le dije—. Envíame a mí.
9Y él me dijo:
—Bien, ve y dile a este pueblo:
“Escuchen con atención, pero no entiendan;
miren bien, pero no aprendan nada”.
10Endurece el corazón de este pueblo;
tápales los oídos y ciérrales los ojos.
De esa forma, no verán con sus ojos,
ni oirán con sus oídos,
ni comprenderán con su corazón
para que no se vuelvan a mí en busca de sanidad.
11Entonces yo dije:
—Señor, ¿cuánto tiempo durará esto?
Y él contestó:
—Hasta que sus ciudades queden vacías,
sus casas queden desiertas
y la tierra entera quede seca y baldía;
12hasta que el Señor haya mandado a todos lejos
y toda la tierra de Israel quede desierta.
13Si aún sobrevive una décima parte, un remanente,
volverá a ser invadida y quemada.
Pero así como el terebinto o el roble dejan un tocón cuando se cortan,
también el tocón de Israel será una semilla santa.

Eclesiastés 12: 1 – 14

1No dejes que la emoción de la juventud te lleve a olvidarte de tu Creador. Hónralo mientras seas joven, antes de que te pongas viejo y digas: «La vida ya no es agradable». 2Acuérdate de él antes de que la luz del sol, de la luna y de las estrellas se vuelva tenue a tus ojos viejos, y las nubes negras oscurezcan para siempre tu cielo. 3Acuérdate de él antes de que tus piernas —guardianas de tu casa— empiecen a temblar, y tus hombros —los guerreros fuertes— se encorven. Acuérdate de él antes de que tus dientes —esos pocos sirvientes que te quedan— dejen de moler, y tus pupilas —las que miran por las ventanas— ya no vean con claridad.
4Acuérdate de él antes de que la puerta de las oportunidades de la vida se cierre y disminuya el sonido de la actividad diaria. Ahora te levantas con el primer canto de los pájaros, pero un día todos esos trinos apenas serán perceptibles.
5Acuérdate de él antes de que tengas miedo de caerte y te preocupes de los peligros de la calle; antes de que el cabello se te ponga blanco como un almendro en flor y arrastres los pies sin energía como un saltamontes moribundo, y la alcaparra ya no estimule el deseo sexual. Acuérdate de él antes de que te falte poco para llegar a la tumba —tu hogar eterno— donde los que lamentan tu muerte llorarán en tu entierro.
6Sí, acuérdate de tu Creador ahora que eres joven, antes de que se rompa el cordón de plata de la vida y se quiebre la vasija de oro. No esperes hasta que la jarra de agua se haga pedazos contra la fuente y la polea se rompa en el pozo. 7Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio.
Reflexiones finales acerca del Maestro
8«Nada tiene sentido —dice el Maestro—, ningún sentido en absoluto».
9Ten en cuenta lo siguiente: el Maestro fue considerado sabio y le enseñó a la gente todo lo que sabía. Escuchó con atención muchos proverbios, los estudió y los clasificó. 10El Maestro se esmeró por encontrar las palabras correctas para expresar las verdades con claridad.
11Las palabras de los sabios son como el aguijón para el ganado: dolorosas pero necesarias. El conjunto de sus dichos es como la vara con clavos que usa el pastor para guiar a sus ovejas.
12Pero ahora, hijo mío, déjame darte un consejo más: ten cuidado, porque escribir libros es algo que nunca termina y estudiar mucho te agota.
13Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. 14Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo.

Proverbios 5: 1 – 23

1Hijo mío, presta atención a mi sabiduría,
escucha cuidadosamente mi sabio consejo.
2Entonces demostrarás discernimiento,
y tus labios expresarán lo que has aprendido.
3Pues los labios de una mujer inmoral son tan dulces como la miel
y su boca es más suave que el aceite.
4Pero al final ella resulta ser tan amarga como el veneno,
tan peligrosa como una espada de dos filos.
5Sus pies descienden a la muerte,
sus pasos conducen derecho a la tumba.
6Pues a ella no le interesa en absoluto el camino de la vida.
Va tambaleándose por un sendero torcido y no se da cuenta.
7Así que ahora, hijos míos, escúchenme.
Nunca se aparten de lo que les voy a decir:
8¡Aléjate de ella!
¡No te acerques a la puerta de su casa!
9Si lo haces perderás el honor,
y perderás todo lo que has logrado a manos de gente que no tiene compasión.
10Gente extraña consumirá tus riquezas,
y otro disfrutará del fruto de tu trabajo.
11Al final, gemirás de angustia
cuando la enfermedad consuma tu cuerpo.
12Dirás: «¡Cuánto odié la disciplina!
¡Si tan solo no hubiera despreciado todas las advertencias!
13¿Por qué no escuché a mis maestros?
¿Por qué no presté atención a mis instructores?
14He llegado al borde de la ruina
y ahora mi vergüenza será conocida por todos».
15Bebe el agua de tu propio pozo;
comparte tu amor únicamente con tu esposa.
16¿Para qué derramar por las calles el agua de tus manantiales
teniendo sexo con cualquiera?
17Deben reservarla solo para los dos;
jamás la compartan con desconocidos.
18Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti.
Alégrate con la esposa de tu juventud.
19Es una cierva amorosa, una gacela llena de gracia.
Que sus pechos te satisfagan siempre.
Que siempre seas cautivado por su amor.
20Hijo mío, ¿por qué dejarte cautivar por una mujer inmoral
o acariciar los pechos de una mujer promiscua?
21Pues el Señor ve con claridad lo que hace el hombre,
examina cada senda que toma.
22Un hombre malvado queda preso por sus propios pecados;
son cuerdas que lo atrapan y no lo sueltan.
23Morirá por falta de control propio;
se perderá a causa de su gran insensatez.

Proverbios 4: 1 -27

1Oíd, hijos, la enseñanza de un padre,
Y estad atentos, para que conozcáis cordura.
2Porque os doy buena enseñanza;
No desamparéis mi ley.
3Porque yo también fui hijo de mi padre,
Delicado y único delante de mi madre.
4Y él me enseñaba, y me decía:
Retenga tu corazón mis razones,
Guarda mis mandamientos, y vivirás.
5Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;
No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
6No la dejes, y ella te guardará;
Ámala, y te conservará.
7Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría;
Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
8Engrandécela, y ella te engrandecerá;
Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.
9Adorno de gracia dará a tu cabeza;
Corona de hermosura te entregará.
10Oye, hijo mío, y recibe mis razones,
Y se te multiplicarán años de vida.
11Por el camino de la sabiduría te he encaminado,
Y por veredas derechas te he hecho andar.
12Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos,
Y si corrieres, no tropezarás.
13Retén el consejo, no lo dejes;
Guárdalo, porque eso es tu vida.
14No entres por la vereda de los impíos,
Ni vayas por el camino de los malos.
15Déjala, no pases por ella;
Apártate de ella, pasa.
16Porque no duermen ellos si no han hecho mal,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.
17Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos;
18Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
19El camino de los impíos es como la oscuridad;
No saben en qué tropiezan.
20Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
21No se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón;
22Porque son vida a los que las hallan,
Y medicina a todo su cuerpo.
23Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.
24Aparta de ti la perversidad de la boca,
Y aleja de ti la iniquidad de los labios.
25Tus ojos miren lo recto,
Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
26Examina la senda de tus pies,
Y todos tus caminos sean rectos.
27No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.

Salmo 145: 1 – 21

1Te exaltaré, mi Dios, mi Rey,
Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
2Cada día te bendeciré,
Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
3Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Y su grandeza es inescrutable.
4Generación a generación celebrará tus obras,
Y anunciará tus poderosos hechos.
5En la hermosura de la gloria de tu magnificencia,
Y en tus hechos maravillosos meditaré.
6Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres,
Y yo publicaré tu grandeza.
7Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad,
Y cantarán tu justicia.
8Clemente y misericordioso es Jehová,
Lento para la ira, y grande en misericordia.
9Bueno es Jehová para con todos,
Y sus misericordias sobre todas sus obras.
10Te alaben, oh Jehová, todas tus obras,
Y tus santos te bendigan.
11La gloria de tu reino digan,
Y hablen de tu poder,
12Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos,
Y la gloria de la magnificencia de su reino.
13Tu reino es reino de todos los siglos,
Y tu señorío en todas las generaciones.
14Sostiene Jehová a todos los que caen,
Y levanta a todos los oprimidos.
15Los ojos de todos esperan en ti,
Y tú les das su comida a su tiempo.
16Abres tu mano,
Y colmas de bendición a todo ser viviente.
17Justo es Jehová en todos sus caminos,
Y misericordioso en todas sus obras.
18Cercano está Jehová a todos los que le invocan,
A todos los que le invocan de veras.
19Cumplirá el deseo de los que le temen;
Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.
20Jehová guarda a todos los que le aman,
Mas destruirá a todos los impíos.
21La alabanza de Jehová proclamará mi boca;
Y todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre.

Salmo 103: 1 – 22

1Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
2Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
3Él es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
4El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias;
5El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila.
6Jehová es el que hace justicia
Y derecho a todos los que padecen violencia.
7Sus caminos notificó a Moisés,
Y a los hijos de Israel sus obras.
8Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.
9No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.
10No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
11Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
12Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
13Como el padre se compadece de los hijos,
Se compadece Jehová de los que le temen.
14Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.
15El hombre, como la hierba son sus días;
Florece como la flor del campo,
16Que pasó el viento por ella, y pereció,
Y su lugar no la conocerá más.
17Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
Y su justicia sobre los hijos de los hijos;
18Sobre los que guardan su pacto,
Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.
19Jehová estableció en los cielos su trono,
Y su reino domina sobre todos.
20Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles,
Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra,
Obedeciendo a la voz de su precepto.
21Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos,
Ministros suyos, que hacéis su voluntad.
22Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras,
En todos los lugares de su señorío.
Bendice, alma mía, a Jehová.